Tuve la oportunidad
de ser feliz, de tenerte cerca. Tuve la oportunidad de verte dormir cada noche,
apoyada en mi pecho, mientras yo te acariciaba despacio, sin hacer mucho ruido.
Tuve la oportunidad de despertar contigo cada mañana y decirte que mi sol iba a
salir de la cama un día de lluvia. Tuve la oportunidad de susurrarte ‘’te
quiero’’, mediante caricias, sin
necesidad de palabras. Tuve la
oportunidad de dártelo todo, incluido mi pequeño desastre, al cual le suelen
llamar corazón. Y tuve la esperanza de recorrerme el mundo entero hasta llegar
a ti, hasta encontrarte. Pero prefiero decir que la esperanza es del color de
tus ojos y no verde. Y sin embargo, te fuiste. Te fuiste y contigo las
oportunidades y las esperanzas, las sonrisas pero no las lágrimas. Te fuiste y se me puso en rojo la vida. Lo
desordenaste todo y mi pequeño, ya cansado de recoger, no deja de llorar. Me desordenaste la
cama cuando sólo te había visto en sueños. ¿Irónico, no crees? Irónico ver que las calles de Madrid, sin ti, ya no son calles. Irónico querer tenerte
cerca y que ya te hayas marchado. Y yo, aun con esas, te sigo esperando.
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