martes, 26 de agosto de 2014

Madrid



Madrid no es ni la mitad de bonito sin tu sonrisa. Esos ojos, color cielo, a media noche, en mitad de la Gran Vía, son suficientes para enamorar al mundo entero y decirles que París es todo un fracaso teniéndote a ti. La distancia son sólo números y tú eres la equivalencia que más me gusta, la perfección más exacta y lo más preciso que existe. Verte dormir, despertar a tu lado y ver cómo te retuerces, de camino al baño, sin ninguna intención de abrir los ojos, debe remover infinidades de cosas en el interior de cualquiera. Deseo poder, algún día, quizá, perderme en tu espalda y recorrerte parte por parte. Quiero avanzar el tiempo tres años adelante para que mi destino sea, únicamente, estar junto a ti. Y es que la vida es eso, un reloj con destinos que quizá, nosotros, no seamos quienes para saberlos, kilómetros innombrables y metas inalcanzables. Pero, ¿Sabes una cosa? Sólo hay una meta que deseo proponerme y que doy por hecho que la voy a conseguir. Princesa, ¿Tienes alguna idea de qué puede ser?  Ver esa jodida sonrisa y esos preciosos ojos sin necesidad de tener una pantalla delante. Créeme, no hay morbo más tentador que tenerte a milímetros, cuando hacía una hora y 20 minutos te tenía a kilómetros.

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